Hay momentos en la vida que se graban no solo en la memoria, sino en el alma, y que una fotografía tiene el poder de inmortalizar. Hoy quiero compartir con ustedes una imagen muy especial para mí, un instante capturado en una noche de gala en nuestro amado estado Miranda, donde la música venezolana brilló con luz propia.
En esta foto no solo veo rostros amigos; veo talento puro, tradición y el hilo invisible que nos conecta a través de nuestra identidad cultural. Me siento profundamente honrado de estar rodeado de figuras que, cada una en su estilo, mantienen vivo el fuego de nuestro folclore.
¿Quiénes me acompañan?
Permítanme presentarles a este grupo de lujo, de izquierda a derecha en la imagen:
1. Rafael Armas: Una leyenda viva de nuestro instrumento nacional. Maestro cuatrista cuya destreza y pasión por el cuatro venezolano son sencillamente inigualables. Cada acorde de Rafael es un viaje al corazón de nuestra tierra.
2. Gerardo Valentín (¡Ese soy yo!): Con mi inseparable sombrero y la eterna sonrisa que me provoca el privilegio de cantarles.
3. El Maestro Arnaldo: Un compositor de una sensibilidad extraordinaria. Su presencia esa noche fue un regalo, y su legado es fundamental para nuestra música llanera.
4. Mariangel Bello: Una voz fresca y potente de Los Teques. Cantante mirandina que con su talento y carisma está labrando un camino brillante en nuestra escena musical.
5. Ali Bello: Esposo de Mariangel y un arpista excepcional. Su ejecución del arpa llanera es magistral, uniendo técnica y sentimiento en cada nota.
La Canción que nos Une: “Cómo Llora Una Estrella”
Ver esta imagen me evoca de inmediato una de las melodías más sublimes y conmovedoras que ha parido Venezuela: el vals “Cómo llora una estrella”.
Esta joya musical es obra del inolvidable compositor larense Antonio Carrillo, quien la concibió originalmente en 1915 como una serenata instrumental para su novia. Se dice que el título fue sugerido por el poeta Carlos Borges, quien al escuchar la melodía sintió que parecía el llanto sutil de un astro en el firmamento.
Durante décadas, fue una pieza puramente instrumental, hasta que el poeta mirandino Arnaldo Vivas Toledo, inspirado por la belleza de la composición, decidió ponerle letra. Su poema captura perfectamente la melancolía y el anhelo platónico de la melodía:
"A esa estrella que se aleja, / y que no quiere volver, / yo le conté mi queja / y mi dolor de querer..."
Fue esta versión cantada la que inmortalizó internacionalmente el cantante mexicano Marco Antonio Muñiz en los años 60, convirtiéndola en un clásico eterno. Hoy en día, es una pieza imprescindible en el repertorio de cualquier cantante venezolano que ame su tradición.
Para mí, esta foto representa ese puente mágico entre generaciones y estilos. Es un recordatorio de que la música no tiene edad ni fronteras, y que cuando nos unimos en torno a obras como “Cómo llora una estrella”, estamos honrando nuestro pasado y asegurando el futuro de nuestra identidad musical.
¡Que viva la música venezolana!

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